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En este comienzo de 2017 los municipios del otro lado del Bidasoa están viviendo un cambio en su marco organizativo y competencial. No es nuevo, porque desde hace algunos años las localidades francesas, obligadas por Ley, están transfiriendo competencias a nuevas  entidades administrativas equiparables a nuestras mancomunidades. Así, materias como la ordenación del territorio, el desarrollo económico o el tratamiento de residuos, dejan de estar en manos de los Ayuntamientos para pasar, en este caso, a la Communauté d´Agglomération  Pays  Basque.

 

El cambio competencial puede que no sea nuevo, pero es importante la novedad en la composición de esta “aglomeración de municipios”. A partir de ahora nuestros vecinos se configuran en una entidad que agrupa a 158 municipios con una población superior a los 300.000 habitantes que, de hecho, ocupará todo el territorio del que conocemos como País vasco-francés.

 

Creo que a esta nueva escala institucional debemos prestarle la atención debida desde esta orilla del Bidasoa porque son nuestros “nuevos socios” en la cooperación transfronteriza y al mismo tiempo nuestros competidores. Ambas caras forman parte de la misma moneda: la convivencia entre vecinos.

 

Y la convivencia y su necesaria cooperación sabemos bien que no es sencilla. La cooperación transfronteriza en estas dos últimas décadas ha tenido de todo; mucho de discurso y algo de proyectos concretos. Una parte importante de estos últimos han estado centrados en la cooperación entre el Bidasoa y los municipios más próximos como Hendaya, por supuesto, pero también Urrugne, Biriatu, San Juan de Luz e incluso Anglet. El saneamiento del Río Bidasoa, las iniciativas de cooperación económica, los intercambios culturales o el transporte público entre nuestras ciudades, han centrado los principales objetivos. Es hora de seguir avanzando y de hacerlo pensando sobre todo en la utilidad para la vida diaria de nuestros ciudadanos/as.

 

Un buen ejemplo de esto lo constituye la nueva línea que ya une a diario, y todo el año, Irun, Hendaya y San Juan de luz. Nació fruto del acuerdo y al servicio de los ciudadanos de ambos lados pero el partido que saque cada parte dependerá de la capacidad que demuestre para ser más atractiva en lo comercial, en el ocio o en la oferta de servicios.

 

El camino por el que avancemos a partir de ahora esta todavía sin terminar de definir. Tenemos un gran marco que es el acuerdo Euskadi- Aquitania y creo que a partir de ahí podemos desarrollar en los distintos ámbitos de cooperación nuestras estrategias. Me atrevo a apuntar dos, sobre todo en el corredor Donosti-Irún-Bayona: la innovación para la economía y el empleo y la política de movilidad sostenible, dando un impulso definitivo al tren como eje de transporte regional de primer nivel, y convirtiéndonos en ambos terrenos en ejemplo europeo del aprovechamiento de las ventajas de los espacios transfronterizos.

 

Pero no podemos pasar por alto la nueva dimensión de nuestros vecinos que deberíamos aprovechar  para dar un impulso mayor a las claves y retos europeos y también para reforzar nuestra colaboración en este lado del Río. 2017 se abre con nuevas expectativas en la cooperación transfronteriza pero también con incógnitas que iremos resolviendo.