Hemos recordado con lazos rojos y palabras emotivas todo lo que este puente de Santiago nuestro ha significado en la historia, especialmente en la nuestra, en la más cercana. Os dejo las palabras de esa mañana:

 

Estos días azules y este sol de la infancia…

Estas palabras fueron las últimas que escribió Machado antes de morir en el exilio en Coillure. Él como tanto otros tuvo que dejar su país, sus paisajes, sus cielos y hasta sus libros y huir. Huir como los cientos de iruneses que dejaron atrás el incendio de aquella madrugada del 4 de septiembre de 1936. Como tantos obligados a dejarlo todo por culpa de la guerra y las políticas del terror.

Este puente avenida en el que hoy nos encontramos guarda muchas historias en su centenario. Muchas de ellas unidas a esos negros años.

Fueron muchos los que recorrieron estos metros sobre el Bidasoa  y muchos los que nunca pudieron volver y añoraron como Machado  el sol y el cielo de su infancia aunque solo estuvieran al otro lado del río Bidasoa

Egun on guztioi eta eskerrik asko gurekin egoteagatik eta hiriko hain esanguratsua eta sinbolikoaren toki honetaraino etortzeagatik. Bidasoa ibaian gaude, Hendaiatik metro gutxira eta hainbeste maite dugun Abenida zubian, hirian eragin ikaragarria izan duen pasaera  guztion gogora eta memoriara ekartzeko xedearekin. 

Milaka pertsonak alde egin behar izan zuten zubi honetatik duela laurogei urte hiria suntsitu zuen sute bat dela eta. Proiektu eta ilusio asko bertan behera geratu ziren, eta joandako pertsona batzuek ez zuten itzultzerik izan.  Haien oroimenez, omenaldi sinple eta sakon hau egin nahi die hiriak.

Merci à tous qui sont venus aujourd’hui pour partager avec la ville d’Irun, notamment nos amis d’Hendaye, cet acte de memoire au pont de l’Avenue. Il y a 80 (quatre vingt ans), le 4 septembre, un feu de la ville pendant la guerre civile provoque la fuite des milliers de personnes à la France, à Hendaye.

Nous voulons aujoured’hui donc rendre cet hommage eta rappeler et épisode de notre histoire.

 

Quiero ante todo agradecer la presencia de nuestros vecinos de Hendaia que han querido estar con nosotros hoy aquí y compartir un acto que significa mucho para la ciudad de Irun. Por eso agradezco al alcalde de Hendaia y por supuesto al resto  de representantes de la ciudad y vecinos del otro lado que a título particular han querido acercarse hasta este puente.

 La guerra civil, la peor guerras, fue el reflejo de la sinrazón que arrancó  por culpa de quienes no quisieron respetar la democracia. Años de pesares, batallas, muertos y penas que Irun vivió destrozada después de aquel incendio que la destruyó a los pocos meses del inicio de la contienda

Hoy queremos recordar el dolor, la angustia  de quienes tuvieron que dejar sus casas y cruzar este puente con lo puesto. Muchos no lo recuperarían nunca, muchos perdieron para siempre sus casas y sus cosas, pero también sus raíces.

Hoy queremos recordar a las personas, más allá de los bandos, de la guerra, de las atrocidades. A los padres y madres, abuelos y abuelas, a los niños y niñas que nos han contados sus pequeñas historias a lo largo de estos años.

Estos días viendo las imágenes de aquellos momentos, resulta increíble que nuestros escenarios cotidianos, como este puente, hoy símbolo de encuentro, de paseos y de disfrute, fuera el mismo que nuestros vecinos cruzaban con una baúl o un colchón sobre la espalda.

Por eso nos encontramos hoy aquí. Para recordar, para agradecer a la acogedora Hendaya que esos días vivió también convulsionada con el dolor de sus vecinos.

A lo largo de estas últimas semanas son muchos los que con motivo del anuncio de este acto se han acercado a recodarme aquella vieja historia de su familia, de un amigo, de un tío lejano que tuvo que salir corriendo hacia Hendaya y no volvió. Creo que todos tenemos pequeños episodios y conocidos que cruzaron este puente o el de Behobia, que buscaron en la otra orilla paz y libertad. Algunos volvieron y se encontraron con las cenizas de sus casas y sus vidas, otros tardaron años en poder regresar y hubo también quien tuvo que conformarse el resto de su vida con ver Irun desde “el otro lado”, por culpa de la dictadura

Por ellos, por cada uno de esos iruneses e irunesas que recorrieron estos metros, que dejaron atrás el horror de la guerra, pero también sus raíces y su historia, queremos colocar a lo largo de este fin de semana esas cintas rojas que nos recuerden lo que ocurrió, que vistan de rojo el puente.

Y si citaba a Machado al inicio, me gustaría acabar con Alberti, que supo también lo que era el exilio y dejar su tierra y que supo  plasmarlo en este poema:

Se ha roto el río.

Pedazos de espejos rotos
navegan por todas partes.

Van espejos con caballos.
Espejos rotos, con árboles.

Se ha roto el río.

Desazogados cristales
rotos, azules y verdes,
que no podrá juntar nadie.

Se ha roto el río.

Y el cielo, roto en el aire,
no sabe ya en dónde verse,
en dónde, roto, mirarse.